El poder sanador de la arquitectura

Ricardo Álvarez-Díaz (Foto Archivo GFR Media)

En la arquitectura, como en la vida, siempre hay una historia que contar, una vida que transformar y una experiencia a la cual aspirar. El diseño bien pensado debe tener siempre la intención de mejorar nuestra calidad de vida y alterar, de forma dramática, nuestra experiencia en el mundo. Como arquitectos y diseñadores, nos corresponde reconocer la conexión integral entre nuestros diseños y el impacto que estos tienen en nuestro bienestar humano, dentro de las edificaciones y las comunidades donde se encuentran.

Un estudio reciente realizado por la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA), revela que pasamos hasta el 90 por ciento de nuestro tiempo dentro de los espacios interiores. Por lo tanto, los espacios donde vivimos, trabajamos y relajamos tienen un impacto enorme sobre nuestro bienestar general.

En su ensayo “La Arquitectura para la Salud y el Bienestar Humano”, el profesor Koen Steemers de la Universidad de Cambridge propone que, en el mundo del diseño de hoy, el énfasis debe centrarse en activamente promover el bienestar general en vez de simplemente conformarse con la ausencia de mala salud. Sus teorías están ancladas en las normas de la Organización Mundial de la Salud (WHO), quien oficialmente define la salud como “un estado de completo bienestar físico, mental y social”.

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Según la Fundación por la Nueva Economía basada en el Reino Unido de Inglaterra, hay ciertos parámetros de comportamiento que definen y determinan el estado del bienestar general de cualquier población. Normas que deben servirle de guía a todo arquitecto al momento de emprender un proyecto de diseño.

Hay que conectarse con la comunidad

Existe una fuerte evidencia que indica que sentirse cerca y valorado por otras personas es una necesidad humana fundamental y que contribuye al buen funcionamiento de la sociedad en general. Está claro que las relaciones sociales actúan como un amortiguador contra el deterioro de la salud mental de las personas en crisis. Como arquitectos, es nuestro deber diseñar vecindarios que fomentan un sentido de comunidad por su abundancia de espacios públicos, calles orientadas al tráfico peatonal, fácil acceso a sitios de interacción social como centros comunitarios, gimnasios e iglesias, a diferencia del modelo tradicional de rascacielos de edificios públicos del pasado que conducen al enajenamiento social.

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Hay que mantenerse activo

La actividad física regular se asocia con tasas más bajas de depresión y ansiedad en todos los grupos de edad. El ejercicio es esencial para disminuir el deterioro cognitivo relacionado con la edad y para promover el bienestar. Al momento de diseñar nuestras comunidades, es necesario contemplar la alta presencia de espacios públicos que invitan al ejercicio ligero.

Es importante estar siempre presente

Los estudios han demostrado que la capacidad de estar consciente de lo que está ocurriendo en el presente mejora directamente nuestro sentido de bienestar. Como diseñadores, nos reta crear estructuras que siempre sorprenden y avivan la mente con su uso del espacio y materiales que amplían nuestro horizonte. Hay que seguir aprendiendo.

El aprendizaje continuo, a través de la vida, mejora la autoestima. El mismo fomenta la interacción social y lleva a mejorar la salud. La evidencia anecdótica sugiere que la práctica de fijar metas se ha asociado fuertemente con mayores niveles de supervivencia y bienestar. En nuestro rol como diseñadores, es sumamente importante que sigamos creando espacios que informan, inspiran y que despiertan de manera innata la curiosidad por aprender.

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En fin, como arquitectos, es crucial que entendamos el impacto de las decisiones que tomamos, sabiendo que poseemos el poder de influenciar de manera positiva, la salud general de nuestro entorno.

De: Construcciónelnuevodia

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Un Toque de Cariño ayuda a cinco familias a tener su hogar

07-junio-2014

Por espacio de un año, voluntarios de Habitat for Humanity realizaron trabajos de construcción para la rehabilitación de las viviendas de las cinco familias.

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Comparten con doña Ramona Velázquez y dos de sus hijos durante la entrega de la llave de su nuevo hogar, desde la izquierda: Ramón Padilla, Jacqueline Ballester, Norberto Soto, Carmen Pagán, Freddie Hernández y Maidy López. (Suministrada)

Revista Construcción

Cinco familias en desventaja económica del área suroeste de la Isla se beneficiaron de la rehabilitación de sus viviendas, bajo el programa especial Un Toque de Cariño de Habitat for Humanity Puerto Rico y FirstBank.

Doña Romana Velázquez junto a su hijo Luis Pagán Velázquez, quienes residían en una casa en malas condiciones, fue la quinta familia beneficiada en recibir un hogar digno y seguro a través del donativo que FirstBank hizo de $50,000 para el programa.

Por espacio de un año, voluntarios de Habitat for Humanity realizaron trabajos de construcción para la rehabilitación de las viviendas de las cinco familias. Las donaciones consistieron en: (1) residencia de don Marcial, Bo. Olimpo, Guayama– construcción de casa y baño en cemento y (2) la residencia de la familia Vázquez, Bo. Corazón, Guayama – construcción de techo de cemento en casa en cemento; (3) la residencia de la familia Román, Bo. Magueyez, Guánica – construcción de rampa de impedidos; (4) la residencia de la familia Llabrera, Bo. La Luna, Guánica, construcción de rampa de impedidos y más reciente, (5) la residencia de doña Romana Velázquez, Bo. Marín Bajo, Patillas, construcción de casa en madera de tres cuartos, sala, cocina y baño.

“Como parte de nuestra aportación a las comunidades que servimos, FirstBank se unió a Habitat for Humanity con Un Toque de Cariño para ayudar a que estas cinco familias lograran su sueño de vivir en un hogar rehabilitado según las necesidades que cada una presentaba. De esta forma, logramos cumplir nuestro compromiso de garantizarles el derecho a disfrutar de un hogar seguro, en mejores condiciones para vivir”, señaló la licenciada Carmen Pagán, primera vicepresidenta de Cumplimiento y Reinversión Comunitaria de FirstBank.

“La labor de Habitat for Humanity es ayudar a las familias puertorriqueñas a hacer realidad el sueño de tener un hogar propio a través de un modelo de ayuda mutua y esfuerzo propio. Al concluir esta primera fase de Un Toque de Cariño, nos sentimos satisfechos por haber completado labores de construcción para ayudar con la necesidad de vivienda adecuada para estas familias”, expresó Amanda Silva, directora ejecutiva de Habitat for Humanity.

“Agradecemos la colaboración de entidades privadas, gubernamentales y organizaciones sin fines de lucro que participaron en el proyecto como: FirstBank, Fundación Segarra Boerman, Lanco, PR Family Services Alliance, Home Depot, Econo, Procter & Gamble, Segunda Iglesia Bautista de Guayama, el Municipio y la Iglesia Católica de Patillas”, añadió Silva.

La entrega de la llave de la nueva vivienda de Doña Romana y su hijo Luis Pagán Velázquez se llevó a cabo en una emotiva ceremonia que contó con la asistencia de familiares, voluntarios y miembros de la Junta de Directores de Habitat; Norberto Soto, alcalde de Patillas; representantes de FirstBank, Home Depot y Procter & Gamble. Esta es la vivienda número 20 que Habitat otorga en Puerto Rico.