Patrimonio fascinante de la ciudad amurallada

15-febrero-2014
La forma en que se ha logrado conservar y remozar la ciudad capital debe ser orgullo de todos los puertorriqueños.
Foto Principal

El Viejo San Juan tiene la maravilla de ser una ciudad patrimonial que ha sido residida constantemente desde 1521, cuando fue fundada por Juan Ponce De León. (Foto por Rosario Fernández)

Por Nelson Gabriel Berríos / Especial para Construcción

 Lo genial de nuestro San Juan histórico  es que es vibrante. A simple vista si caminamos San Juan tenemos arquitectura visible desde el siglo 16 hasta el presente. Tampoco es una ciudad museo, es una ciudad vivida”, plantea, con el entusiasmo de quien admira las huellas del tiempo, la arqueóloga puertorriqueña Aida Belén Rivera Ruiz.

La forma en que se ha logrado conservar y remozar la ciudad capital debe ser orgullo de todos los puertorriqueños, a juicio de Rivera Ruiz, graduada de arqueología histórica y conservación patrimonial.
“La primera reglamentación fue un documento de dos páginas en los años 50 por Ricardo Alegría. Crecimos un reglamento más formal, con varias enmiendas, en el 90 por el trabajo del Instituto de Cultura y la Oficina de Preservación Histórica. Se levantó un inventario total del Viejo San Juan”, recordó Rivera Ruiz.
La misión de estas reglamentaciones es clara: “que aquello con valor patrimonial se conserve, pero dentro de unos parámetros reales para poderlo vivir. Si no dejamos que crezca, entonces se convierte en ciudad fantasma”, comentó Rivera Ruiz. Puso el ejemplo de que se empezó a permitir que las casas crecieran hacia arriba, pero tenían que ser retranqueadas, es decir la segunda planta de una casa no podía estar alineada con la de abajo. Se construye unos pies más atrás para que se vea la huella histórica. “Que lo nuevo se distinga de lo viejo” es la idea, explicó.
Rivera Ruiz señala que el Viejo San Juan tiene la maravilla de ser una ciudad patrimonial que ha sido residida constantemente desde 1521, cuando fue fundada por Juan Ponce De León. Además tuvo presencia indígena al menos en dos puntos, en Puerta de Tierra y en la parte alta donde está el Convento de los dominicos. San Juan, comenta la arqueóloga, es una isleta construida sobre un promontorio de piedra caliza, con ojos de agua fresca, tenía una topografía constante, el oceáno y agua fresca, todas las condiciones de un buen lugar para vivir, que aprovecharon en su momento los taínos y luego los colonos españoles.
Las edificaciones como El Morro, San Cristóbal, el Palacio de Santa Catalina (La Fortaleza), Casa Blanca, el cuartel de Ballajá son testigos de una historia que incluye a lo largo de siglos ataques piratas, de ingleses, holandeses y en el 1898  la Guerra Hispanoamericana.
En un lugar de tanta historia en sus murallas y adoquines, el Viejo San Juan “funciona como un barrio pequeño, como un pueblo. Todavía se hacen deliverys. Es la idiosincrasia de gente de pueblo. Es fascinante y por ese encanto en parte es que el precio de venta las residencias del Viejo San Juan se ha mantenido”, señala Rivera Ruiz.
La arqueóloga opinó que todavía se puede hacer mucho más en San Juan. Piensa que es importante que todos vayamos a San Juan a caminar por esos adoquines, a admirar las casas y cuando veamos ruinas, exijamos como ciudadanos que nuestra primera ciudad atienda esos problemas para expropiarlas. “San Juan es fascinante” y hay que mantenerlo así, concluyó.

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